estoy en el aeropuerto. Cuando recibáis este mensaje estraé de vuelta en casa, porqure aquí no hay cobertura. Estoy ya junto a la puerta de salida del vuelo de Iberia. Anoche me despertaba cada dos horas para asegurar el envío por correo electrónico de las mejoras fotos y el texto que había ido escroibiendo. Nacho de T2V, que es el que nos está haciendo la página junto con Mntse, me dió una dirección alternativa a la que podía enviar cuantos megas quisiera. El env´´io fue lento pero finalmente lo conseguí. En una dirección segura tenía las fotos más lindas que tomé en estos días en Gaza, me horrorizaba que pudieran borrar mis archivos en el ordenador o que simplemente le hicieran algo que dejara de funcionar. Soy algo paranica, pero tengo mis motivos, no es la primera vez que pasa y de hecho ha pasado. No se han quedado con mi pequeño ordenador, pero se han quedado con mi cámara, porque a pesar de la envidencia , no he podido demostrar que era una cámara y no una bomba. Así son las cosas aquí. Cuando me he sentado a tomar algo en el aeropuerto después de casi dos horas de interrogatorios y chequeos, me ha venido de pronto una frase a la cabeza "esa cámara no fueron los ojos con los que ví y con los que retraté Gaza".
Bueno para los escépticos os diré que me desnudaron, chequearon toda mi ropa y mis zapatos, y por supuesto todo el interior de mi maleta. En parte podía yo haber evitado algunas evidencias, como esas pegatinas que se deslizaron entre mis libros que son copias de los carteles de los que ellos llaman "mártires". Odio esa iconografía del martirologio, y por supuesto no lo pensaba utilizar, pero esta mañana, cuando he recogido todas las cosas, allí estaban las pegatinas. Creo que de todo lo que vieron fue lo que más les ofendió, el retrato de sus propias víctimas. Esta vez decidí viajar con lo que quería, por ejemplo, un libro de iniciación al árabe, y bueno, ¡¡la de vueltas que dio el libro!! parecía un crimen para ellos aprender árabe. Otra cosa, la música. Compré dos discos de música en Jerusalén y no hacían más que mirarlos y mirarlos hasta que les dije que si es que también estaba prohibido comprar música. Es el ritual que busca la humillación. La verdad es que llevaba de todo, revistas en árabe, materiales... llevaba el resumen de los informes anuales del centro palestino de derechos humanos y oculto tras una película sobre el muro, la copia de todas las fotografías que había hecho en Gaza. Tuve suerte, de los dos DVD que llevo, solo chequearon uno, el que no tenía más que su propio disco.
Ayer estuve casi todo el día ocupada con visitas y despedidas. Esta misma mañana me llamaron varios amigos para despedirme, pero ya no pude acudir, pues salí pitando para la frontera. En el hotel coincidí con una periodista freelance que me pidió que la esperara para pasar la frontera juntas, pues en las cintas de los escáneres meten los materiales y les dan 20 vueltas hasta que consiguen que una cámara, un ordenador o cualquier otra cosa vaya al suelo. Así que pasamos juntas y bien. Por si acaso dejó una grabadora grabando las órdenes de los soldados y me pidió que hablara poco para que se pudiera grabar bien.
Yo ya no tengo fotos de hoy pues la cámara que he utilizado estos días se ha quedado en Gaza. Mis ojos, los ojos que han visto Gaza se quedarán allí haciendo - eso espero - buen trabajo.
Hace apenas un mes hicimos un envío a través del consulado español de cuatro buenas cámaras digitales e incluí en el envío unos prismáticos que están a buen recaudo en el Centro porque es casi material estratégico y casi prohibido allí. Cuando me he venido les he dejado también la pequeña lámpara que funciona con el puerto USB del ordenador y que me ha sacado de apuros en estos días cuando se iba la luz. La he dejado para que siga alumbrando algún portátil de la gente que trabaja sobre el terreno.
La foto que os envío es de una de las historias más comunes, Raghd tiene que prerara los exámenes a la luz de las velas...